psychology Pensamiento

Descolonizando los sistemas de género africanos: autoridad, parentesco y epistemologías de los feminismos africanos

23 min de lectura
Por G. de la Fuente, Juan · ONGD CohesionART · Algunos derechos reservados

Una lectura de género, parentesco y autoridad desde Oyěwùmí, Amadiume, Nzegwu, Tamale y otras pensadoras africanas

Nota del autor

Escribo desde Barcelona, con el sesgo de quien accede a estas tradiciones mediante textos académicos, traducciones, conversaciones y vivencias en áfrica occidental, no desde una inmersión directa en las sociedades que aquí se nombran. Declararlo no es pedir disculpas, sino recordar que ningún saber es neutro. Este artículo no habla en nombre de África; intenta acercar un debate a lectores que, como yo, se aproximan desde fuera y necesitan hacerlo con respeto, precisión y prudencia.

Aba Women’s Riot (La revuelta de las mujeres Aba)

En noviembre de 1929, decenas de miles de mujeres igbo paralizaron el sureste de Nigeria: bloquearon mercados, atacaron símbolos de la administración colonial y deslegitimaron a jefes impuestos o reforzados por el gobierno británico. La prensa imperial lo llamó Aba Women’s Riot. Ellas lo nombraron Ogu Umunwanyi: la Guerra de las Mujeres.

No eran campesinas resignadas. Eran comerciantes, mediadoras, deliberadoras, sancionadoras públicas y organizadoras de poder. Defendían instituciones políticas femeninas que el imperio estaba desmontando o volviendo ilegibles.

Este artículo cuenta una historia incómoda para dos relatos a la vez. El primero dice que los derechos de las mujeres son una conquista occidental que África debe aprender. El segundo sostiene que las cosmovisiones africanas ya tenían todas las respuestas y que solo falta volver a un pasado puro. Ambos son falsos.

La verdad es más interesante: en muchas sociedades africanas existieron formas de organizar género, autoridad, parentesco y sexualidad que el binario colonial tradujo mal, rigidizó o atacó. Leídas hoy por pensadoras africanas contemporáneas, esas formas ofrecen recursos para enfrentar dos órdenes que aprietan al mismo tiempo: el binario colonial que redujo identidades y el individualismo patriarcal contemporáneo que aísla cuerpos, privatiza cuidados y vacía comunidades.

Este es el segundo artículo de la serie sobre Ubuntu. El primero presentó umuntu ngumuntu ngabantu —una persona es persona a través de otras personas— como fundamento de una ética comunitaria frente al individualismo. Este artículo añade una pregunta más incómoda: si la persona se hace en relación, ¿qué ocurre cuando las categorías coloniales deciden quién puede pertenecer, quién puede heredar, quién puede cuidar, quién puede gobernar y qué cuerpos quedan fuera del «nosotros»?

Ubuntu no explica por sí solo los sistemas yorùbá, igbo, asante o hausa. Sería una simplificación. Aquí funciona como hilo conductor: una forma de preguntar por la comunidad, la dignidad y la pertenencia desde epistemologías africanas que no separan tan fácilmente individuo y relación, cuerpo y linaje, autoridad y responsabilidad.

Dos órdenes que aprietan

El binario colonial no inventó todo patriarcado en África. Pero sí hizo algo profundo: en numerosos contextos congeló o reordenó desigualdades; donde había roles relacionales instaló dos cajas; donde había instituciones femeninas con autoridad propia las apartó por incomprensibles; donde había costumbre viva fabricó «ley consuetudinaria» por escrito. Después entregó ese armazón a las élites poscoloniales como si fuera tradición auténtica.

Hombre o mujer. Jefe o esposa. Público o privado. Autoridad o cuidado. Familia legítima o desviación. Esas oposiciones no solo describían. Administraban. Con el tiempo, quisieron parecer naturaleza.

El individualismo patriarcal contemporáneo no es el mismo problema, pero rima con él. Organiza la vida midiendo el valor de cada persona por su productividad, trata el cuidado como asunto privado y privatiza la pertenencia. Promete libertad, pero produce aislamiento. Habla de autonomía, pero deja intacta una división patriarcal del trabajo: unas personas sostienen, otras acumulan; unas cuidan, otras deciden; unas reparan, otras nombran.

El primero fija identidades desde fuera. El segundo rompe vínculos desde dentro. El binario colonial reduce la complejidad de los cuerpos y las instituciones; el individualismo patriarcal convierte la vida común en carga privada. En ambos casos, la relación queda empobrecida: o se ordena por jerarquía, o se abandona al mercado.

Frente a esos dos órdenes, las cosmovisiones africanas no son una postal exótica. Son pensamiento político. Y nos obligan a mirar una cuestión central: el género binario, tal como lo universalizó la modernidad colonial, no es una verdad eterna de la vida humana. Es una tecnología histórica de clasificación, poder y administración.

Cuando género no era el eje

En 1997, la socióloga nigeriana Oyèrónkẹ́ Oyěwùmí publicó The Invention of Women. Su tesis fue incómoda: en el viejo orden Oyo-Yorùbá, el género no era el principio organizador primario de la vida social; ese papel lo cumplía la seniority, la edad relativa y la precedencia en el linaje.

La lengua yorùbá no marca género en sus pronombres como lo hacen el inglés o el castellano. Los términos oko e iyawo, que los británicos tradujeron como «marido» y «esposa», no designan sexos fijos sino posiciones. Oko remite al miembro antiguo del linaje, con precedencia y autoridad relativa; iyawo a quien acaba de entrar, normalmente por matrimonio. Una mujer podía ocupar la posición de oko frente a quien entrara en su familia. Lo era por antigüedad, no por anatomía.

Oyěwùmí llamó «bio-lógica» a la lógica occidental que lee los cuerpos como mapa social. Ver es clasificar. Clasificar, jerarquizar. Cuando llegaron los administradores británicos, no podían imaginar con facilidad una organización social que no partiera del cuerpo sexuado como fundamento de la autoridad. Así que impusieron su lectura y rebautizaron «tradición» lo que ellos mismos estaban instalando.

Leída junto a Ubuntu, esta idea desplaza la pregunta. La persona no aparece primero como cuerpo aislado, cerrado y clasificado, sino como posición dentro de una red de relaciones. No se trata de negar el cuerpo, sino de negar que el cuerpo deba convertirse automáticamente en destino político.

La crítica de Bibi Bakare-Yusuf vale la pena: una lengua no es un espejo limpio de la vida social. Que no haya pronombre de género no prueba por sí solo que no existieran desigualdades. Además, convertir la seniority en explicación total puede idealizar el pasado. Su crítica no descarta a Oyěwùmí; la obliga a precisar.

Importa detenerse aquí. Descolonizar no significa afirmar que antes del colonialismo no existía conflicto, desigualdad o violencia. Significa no aceptar que las categorías coloniales sean el único idioma posible para comprender esas realidades.

Descolonizar no es nostalgia. Es trabajo crítico sobre lo que realmente ocurrió.

Parentescos que no caben en la familia nuclear

En el sureste de Nigeria, Ifi Amadiume documentó en Male Daughters, Female Husbands instituciones que descolocan la mirada occidental.

Las «hijas varones»: cuando un hombre moría sin herederos varones, una hija podía ocupar la posición social que correspondería a un hijo, heredando tierra, propiedades y títulos, y manteniendo vivo el linaje.

Los «esposos femeninos»: una mujer con riqueza propia podía pagar el precio matrimonial y casarse con otra mujer; los hijos nacidos dentro de ese arreglo pertenecían al linaje de la primera mujer y heredaban en consecuencia.

No proyectemos categorías actuales sobre estas instituciones. No equivalen sin más a relaciones lésbicas modernas ni a identidades trans. Son arquitectura política: decidían continuidad de linaje, derechos sobre la tierra, alianzas económicas y organización del trabajo.

Aquí se desmorona otro pilar del patriarcado moderno: la familia nuclear como única forma legítima de parentesco. En estos sistemas, el parentesco no dependía solo de una pareja heterosexual nuclear, ni el rol social podía deducirse de la anatomía. Había posiciones, obligaciones, alianzas, memoria y continuidad. El cuerpo importaba, pero no siempre ordenaba todo.

Amadiume no describe un paraíso igualitario. Su obra muestra un sistema complejo, con autoridad femenina real pero también con límites, dependencia material y jerarquías internas. Esa precisión evita tanto la idealización como la caricatura.

Las mujeres igbo tuvieron mercados, deliberación colectiva y autoridad ritual. El mercado era espacio de poder. Cuando llegó la administración británica, vio desorden donde había equilibrio y anomalía donde había autoridad femenina.

Leído desde el horizonte de Ubuntu, el caso igbo muestra que la comunidad no es una suma de individuos aislados. Es una red de obligaciones, memoria, autoridad y continuidad. Pero también recuerda algo igual de importante: esa red solo puede llamarse comunitaria si no convierte la diferencia en subordinación.

Autoridad femenina y gobierno

En Onitsha, Nkiru Nzegwu reconstruyó la figura de la Omu. No era «la esposa del rey», sino una autoridad política con jurisdicción propia: tenía consejo, funciones económicas, capacidad de mediación y representación pública. Funcionaba en paralelo al Obi, el monarca masculino, no bajo él.

Entre los yorùbá existió la Iyalode, un cargo de alto rango vinculado a redes de mercado y a la representación política de las mujeres. En distintos contextos, la Iyalode participó en la deliberación pública y ocupó un lugar relevante en la organización económica y comunitaria. No era un título doméstico, sino una posición de autoridad.

Entre los asante, las Ohemaa o Reinas Madres tenían atribución reconocida en la selección del nuevo monarca y custodiaban la memoria genealógica del linaje real. No eran consortes ceremoniales: custodiaban la genealogía política del reino.

Esto no es solo una excepción geográfica de África Occidental. Christine Saidi, al estudiar sociedades del África centro-oriental temprana, reconstruye formas de autoridad femenina a partir de vocabulario político, parentesco, agricultura, ritual y memoria histórica. Lo que emerge no es un monopolio masculino universal, sino equilibrios variables donde la autoridad femenina podía ser estructural.

Volvamos a la Guerra de las Mujeres de 1929 con esto en la cabeza. No fue una revuelta espontánea de víctimas, sino el ejercicio organizado de instituciones políticas femeninas amenazadas. Judith Van Allen describió los repertorios de sanción colectiva que estas mujeres tenían a su disposición: el «sitting on a man», una presencia pública concertada para retirar legitimidad a un abusador. El imperio respondió con tiros. Murieron decenas de mujeres.

Una comunidad necesita mecanismos para corregir el abuso. No toda relación merece llamarse comunidad; una que no puede sancionar al poderoso es dominación.

Este punto toca directamente a nuestro presente. El patriarcado se sostiene, entre otras cosas, sobre la idea de que la autoridad masculina es natural y la autoridad femenina es excepción. Estas instituciones muestran otra cosa: que la autoridad puede ser relacional, dual, distribuida y situada. No siempre fue monopolio masculino. Y cuando se volvió monopolio, muchas veces hubo una administración colonial, religiosa o estatal trabajando para que así pareciera.

La costumbre no es intocable

Una de las operaciones más eficaces del colonialismo fue hablar en nombre de la tradición mientras la transformaba. Sylvia Tamale distingue entre derecho consuetudinario estatal y derecho consuetudinario vivo.

El primero es la costumbre fijada por administraciones coloniales, tribunales y Estados poscoloniales. Se presenta como tradición, pero es tradición seleccionada, escrita y congelada. El segundo remite a prácticas comunitarias cambiantes, negociadas en la vida cotidiana.

Mahmood Mamdani explicó este proceso como una forma de «despotismo descentralizado»: el colonialismo no destruyó todas las costumbres; seleccionó algunas, las endureció y las usó para administrar. Lo que había sido relación viva se convirtió en regla rígida. Y las reglas más rígidas afectaron, con frecuencia, a las mujeres.

Tamale no contrapone de manera simple tradición y derechos modernos. Hay tradiciones que sostuvieron poder femenino. Hay normas llamadas tradicionales que son productos coloniales. La tarea no es escoger, sino descolonizar ambos.

Aquí Ubuntu ofrece una pregunta útil: si la persona se realiza en relación, ¿qué tipo de relación produce una norma que expulsa, silencia o despoja? Una viuda sin tierra, una joven sin voz, una mujer atrapada por una regla matrimonial que nadie negoció con ella, no necesitan únicamente pertenecer. Necesitan que la pertenencia sea justa.

La costumbre viva puede reparar. La costumbre congelada puede dominar. La diferencia importa.

Sexualidades antes del Código Penal

En 2008, Human Rights Watch publicó This Alien Legacy, un informe que muestra cómo muchas leyes que hoy criminalizan relaciones entre personas del mismo sexo en países africanos proceden de códigos penales coloniales británicos. La Sección 377, redactada para la India en 1860, se exportó después a otros territorios bajo dominio imperial: Sudán la recibió en 1899; Uganda, en 1950. La criminalización legal tiene fecha y origen documentados, y en numerosos casos procede del derecho colonial.

Eso no significa que todas las sociedades africanas precoloniales fueran sexualmente liberales en sentido moderno. Significa que existían instituciones, prácticas y categorías que el binario colonial no podía leer, y que la criminalización actual tiene una historia colonial concreta.

En el norte de Nigeria, entre los hausa, existían los yan daudu: hombres biológicos con expresiones de género femeninas, integrados en redes económicas, sociales y rituales. Rudolf Pell Gaudio mostró que podían cumplir funciones clave en cocinas ceremoniales, comercio y celebraciones urbanas. Su investigación no convierte a los yan daudu en una categoría LGBT contemporánea; muestra algo más importante: que las sociedades africanas han tenido gramáticas propias para vidas, roles y expresiones no normativas.

Marc Epprecht advirtió que no conviene confundir prácticas no normativas históricas con identidades contemporáneas fijas. Una cosa es documentar diversidad de género y sexualidad; otra, proyectar categorías actuales sobre contextos anteriores. Esa distinción mejora la precisión histórica.

Pero la prudencia no puede convertirse en silencio. Si no podemos decir «África era queer» sin simplificar, tampoco podemos aceptar que la diversidad sexual sea ajena a África. Las dos frases empobrecen. La primera proyecta categorías contemporáneas; la segunda repite una gramática moral colonial.

Cuando alguien afirma hoy que la diversidad sexual es ajena a África, muchas veces repite sin saberlo una gramática misionera y colonial. No está defendiendo una pureza anterior al imperio; está heredando parte de su vocabulario.

Sylvia Tamale sostiene que la descolonización del género no puede detenerse en la bandera ni en el idioma oficial; tiene que llegar al cuerpo. Y ahí el horizonte de Ubuntu vuelve a abrir una pregunta: si una persona es persona a través de otras personas, ¿qué ocurre cuando una ley, una iglesia, un Estado o una comunidad niegan a ciertos cuerpos la posibilidad de ser reconocidos como parte plena del «nosotros»?

Vocabularios para transformar el género

Las pensadoras africanas no solo documentan; proponen. Frente a un feminismo importado que a veces llegó cargado de categorías inaplicables, desarrollaron marcos propios para transformar el género desde dentro.

Molara Ogundipe-Leslie acuñó el Stiwanismo —Social Transformation Including Women in Africa— para nombrar una transformación social que incluye a las mujeres africanas sin copiar esquemas externos. Su diagnóstico fue preciso: la liberación no puede ser proyecto individual ni réplica de agendas del Norte. Tiene que atacar simultáneamente el colonialismo, el patriarcado, la pobreza y la opresión interiorizada. Su imagen de las «seis montañas» sobre la espalda de las mujeres africanas lo resume: la opresión llega de varios frentes, y una sola respuesta no alcanza.

Obioma Nnaemeka formuló el nego-feminismo: feminismo de la negociación y sin ego. No es una invitación a callar; es estrategia política situada. En contextos donde la confrontación directa puede aislar a las mujeres de sus comunidades y cerrar posibilidades de cambio, conocer el terreno es condición previa para transformarlo. La negociación no es sumisión cuando permite mover estructuras sin romper redes vitales de supervivencia.

Amina Mama advirtió contra la femocracy: la cooptación estatal del lenguaje feminista en oficinas, indicadores y programas gubernamentales que no transforman estructuras reales. Una ley de igualdad o una oficina de género que no cambia la distribución real del poder y del trabajo no es logro feminista; es maquillaje institucional.

Juntas, estas propuestas apuntan a lo mismo: las transformaciones de género en África no se importan ni se decretan. Se negocian, se construyen desde dentro y se defienden frente a la cooptación.

También nos enseñan algo para leer Ubuntu: la comunidad no es un simple valor positivo. Es un campo de disputa. Puede proteger, pero también exigir silencio. Puede sostener, pero también extraer cuidado. Por eso las epistemologías feministas africanas no debilitan Ubuntu: lo hacen más capaz de cumplir lo que promete.

Lo que puede aprender el Norte Global

Las cosmovisiones africanas no son piezas de museo. Son pensamiento político capaz de interpelar también al Norte Global.

El binario rígido sigue organizando nuestras instituciones: documentos, baños, leyes, herencias, familias, expectativas laborales, modelos de crianza, lenguajes religiosos y políticas públicas. La familia nuclear sigue presentándose como medida de normalidad, aunque la vida real esté llena de abuelas cuidadoras, redes migrantes, amistades que sostienen, hogares recompuestos, maternidades comunitarias y parentescos elegidos.

El patriarcado sigue llamando «natural» a lo que es reparto histórico del poder. Y el individualismo contemporáneo añade otra herida: nos pide vivir como si no debiéramos nada a nadie, mientras dependemos de cuidados que casi nunca se reconocen.

Las cosmovisiones africanas aquí recorridas no se pueden copiar. No son recetas exportables. Pero sí abren preguntas que el Norte Global necesita escuchar con humildad.

¿Qué pasaría si dejáramos de pensar el género como destino binario y empezáramos a pensarlo como relación social situada?

¿Qué pasaría si dejáramos de tratar la familia nuclear como única forma legítima de parentesco?

¿Qué pasaría si la autoridad no se midiera por dominio, sino por responsabilidad ante la comunidad?

¿Qué pasaría si la justicia no fuera solo castigo, sino reparación de vínculos dañados?

Ubuntu, leído junto a estas epistemologías, no niega la individualidad. Niega la fantasía de que una persona pueda construirse sola. Pero también nos recuerda que la relación solo es justa cuando no devora la diferencia.

Volver a 1929: cuando el “disturbio” era política

En 1929 las mujeres igbo no salieron a la calle para pedir permiso a la modernidad. Salieron porque conocían el peso de sus mercados, de sus redes, de sus formas de sanción y de su autoridad. El imperio las llamó disturbio. Ellas sabían que era política.

Casi un siglo después, las pensadoras africanas que hemos recorrido hacen algo parecido en el terreno de la teoría: retiran legitimidad a las categorías que llegaron como universales y muestran que el mundo fue más ancho que el binario que quiso gobernarlo.

No defienden un pasado puro. Defienden la capacidad de leer ese pasado con precisión. Y, sobre todo, defienden el derecho a imaginar futuros desde recursos que el binario colonial despreció.

Leerlas junto a Ubuntu no debilita Ubuntu. Lo vuelve más concreto. Una persona es persona a través de otras personas, sí; pero esas relaciones deben poder nombrar la diferencia sin convertirla en jerarquía, construir autoridad sin volverla dominación y sostener comunidad sin sacrificar a quienes la cuidan.

No se trata de copiar instituciones que pertenecen a culturas concretas, con lenguas, lugares y memorias propias. Se trata de aprender otra forma de hacer preguntas.

¿Cómo organizamos la diferencia sin convertirla en jerarquía?

¿Cómo construimos autoridad sin convertirla en dominación?

¿Cómo sostenemos comunidad sin sacrificar a quienes la sostienen?

¿Cómo defendemos la diversidad de género y sexualidad sin depender únicamente de vocabularios producidos por quienes antes la criminalizaron?

Frente al patriarcado y frente al individualismo que nos enseña a vivir como si no debiéramos nada a nadie, estas epistemologías africanas no ofrecen nostalgia.

Ofrecen vocabulario.

Y a veces, para rehacer el mundo, lo primero que falta es eso: palabras que no hayan sido fabricadas por quien lo rompió.

psychologyPreguntas para el aulaexpand_more

Pensadas para bachillerato, ciclos superiores o universidad inicial. Admiten trabajo individual, debate o dinámicas de grupo.

1. El artículo describe la seniority yorùbá como un principio de organización social donde la autoridad no depende del género biológico, sino de la edad relativa y la posición en el linaje. ¿Qué cambiaría en vuestras instituciones más cercanas —familia, escuela, lugar de trabajo— si la autoridad se distribuyera más por responsabilidad demostrada que por género? Discutid en grupos de tres o cuatro personas y compartid una conclusión común.

2. Sylvia Tamale distingue entre «derecho consuetudinario estatal» (costumbre fijada y congelada por administraciones coloniales y Estados poscoloniales) y «derecho consuetudinario vivo» (prácticas negociadas en la vida cotidiana). Buscad un ejemplo en vuestro entorno —local, nacional o europeo— donde una norma presentada como «tradición» o «costumbre» pueda ser, en realidad, una construcción histórica relativamente reciente.

3. El artículo documenta que muchas leyes que criminalizan relaciones entre personas del mismo sexo en países africanos proceden de la Sección 377 del Código Penal colonial británico, no de tradiciones africanas precoloniales. ¿Cómo cambia ese dato el debate habitual sobre «valores culturales propios» frente a «imposición occidental»? Debatid asignando a distintos grupos posiciones diferentes antes de buscar síntesis.

4. Ifi Amadiume documenta instituciones como las «hijas varones» y los «esposos femeninos» igbo, que no equivalen a identidades contemporáneas como el lesbianismo o la transgeneridad, sino que responden a lógicas de linaje, herencia y economía. ¿Qué nos enseña ese matiz sobre los riesgos de proyectar categorías actuales sobre el pasado? ¿Y sobre los riesgos contrarios de negar que haya existido diversidad histórica?

5. Molara Ogundipe-Leslie propone que las mujeres africanas cargan con «seis montañas» de opresión simultáneas: colonialismo, estructuras tradicionales, falta de acceso a recursos, patriarcado, discriminación racial e interiorización de la opresión. Adaptad esa imagen a vuestro contexto: ¿qué montañas identificáis? ¿Siempre son las mismas para todas las personas?

psychologyPreguntas para pensarexpand_more

Para el lector individual. Sin respuestas correctas predeterminadas.

1. ¿Qué parte de lo que considero «natural» en la organización del género —roles, autoridad, parentesco, familia— podría ser, en realidad, una construcción histórica relativamente reciente?

2. Cuando pienso en comunidad, ¿quién aparece en ese «nosotros»? ¿Hay personas o cuerpos que queden implícitamente fuera, sin que yo lo haya decidido de forma consciente?

3. Ubuntu plantea que la persona se construye en relación. ¿Qué relaciones reconozco como constitutivas de quién soy? ¿Cuáles no reconozco, aunque también me sostienen?

4. El nego-feminismo de Nnaemeka propone transformar estructuras desde dentro, con paciencia y negociación. ¿Cuándo esa estrategia es sabia y cuándo puede volverse, sin quererlo, cómplice de lo que intenta cambiar?

5. Las pensadoras de este artículo no defienden un pasado puro; defienden la capacidad de leerlo con precisión. ¿Qué significa para mí leer mi propia historia —la de mi familia, mi comunidad, mi cultura— sin idealización ni caricatura?

menu_bookRecursos para seguir aprendiendoexpand_more

Libro · Sylvia Tamale · 2020Decolonization and Afro-Feminism. Daraja Press (acceso abierto parcial). El marco más articulado del afro-feminismo decolonial contemporáneo. Cubre cuerpo, sexualidades, derecho consuetudinario, espiritualidad y academia desde el Sur. Punto de entrada para quien quiera leer directamente a una de las autoras centrales del artículo.

Libro · Oyèrónkẹ́ Oyěwùmí · 1997The Invention of Women. University of Minnesota Press. Texto fundacional que cuestiona la universalidad del género como categoría binaria a partir del caso yorùbá precolonial. Imprescindible para quien quiera profundizar en la genealogía del argumento sobre la «bio-lógica» occidental.

Libro · Ifi Amadiume · 1987Male Daughters, Female Husbands. Zed Books. Etnografía rigurosa sobre parentesco igbo. Referencia indispensable para entender la fluidez de los roles sociales antes de la colonización. Clásico del feminismo africano que sigue siendo lectura de referencia en estudios de género.

Revista · Feminist Africa — feministafrica.net · Acceso abierto. Fundada por Amina Mama en 2002, hoy en la Universidad de Ghana. Archivo completo disponible en línea. Cubre feminismos africanos, género, sexualidades, cuerpo, descolonización y academia desde el Sur Global. La fuente periódica más completa del campo en inglés.

Informe · Human Rights Watch · 2008This Alien Legacy: The Origins of «Sodomy» Laws in British Colonialism. hrw.org · Acceso abierto. Documentación rigurosa del origen colonial de las leyes que criminalizan la diversidad sexual en países de la Commonwealth africana. Útil como material de contexto jurídico e histórico para la sección sobre sexualidades.

Artículo · CohesionART · 2026Ubuntu: comunidad, justicia y dignidad frente al individualismo. https://www.cohesionart.org/ubuntu-comunidad-justicia-y-dignidad-frente-al-individualismo/ Primer artículo de esta misma serie. Presenta Ubuntu como ética comunitaria y horizonte relacional frente al individualismo. Lectura previa recomendada para situar el hilo conductor de este segundo artículo.

format_quoteReferenciasexpand_more

Formato Chicago autor-fecha. Orden alfabético. DOI/URL cuando existe.

Amadiume, Ifi (1987). Male Daughters, Female Husbands: Gender and Sex in an African Society. London: Zed Books.

Bakare-Yusuf, Bibi (2003). «‘Yorubas Don’t Do Gender’: A Critical Review of Oyèrónkẹ́ Oyěwùmí’s The Invention of Women«. African Identities, 1(1), 121-142.

Chisale, Sinenhlanhla S. (2018). «Ubuntu as care: Deconstructing the gendered Ubuntu». Verbum et Ecclesia, 39(1), a1790. https://doi.org/10.4102/ve.v39i1.1790

Cornell, Drucilla y Van Marle, Karin (2015). «Ubuntu feminism: Tentative reflections». Verbum et Ecclesia, 36(2), a1444. https://doi.org/10.4102/ve.v36i2.1444

Epprecht, Marc (2008). Heterosexual Africa? The History of an Idea from the Age of Exploration to the Age of AIDS. Athens: Ohio University Press.

Gaudio, Rudolf Pell (2009). Allah Made Us: Sexual Outlaws in an Islamic African City. Malden: Wiley-Blackwell.

Human Rights Watch (2008). This Alien Legacy: The Origins of «Sodomy» Laws in British Colonialism. New York: HRW. https://www.hrw.org/report/2008/12/17/alien-legacy/origins-sodomy-laws-british-colonialism

Mama, Amina (1995). «Feminism or Femocracy? State Feminism and Democratisation in Nigeria». Africa Development, 20(1), 37-58.

Mamdani, Mahmood (1996). Citizen and Subject: Contemporary Africa and the Legacy of Late Colonialism. Princeton: Princeton University Press.

Manyonganise, Molly (2015). «Oppressive and liberative: A Zimbabwean woman’s reflections on ubuntu». Verbum et Ecclesia, 36(2), a1438. https://doi.org/10.4102/ve.v36i2.1438

Nnaemeka, Obioma (2004). «Nego-Feminism: Theorizing, Practicing, and Pruning Africa’s Way». Signs, 29(2), 357-385. https://doi.org/10.1086/378553

Nzegwu, Nkiru (2006). Family Matters: Feminist Concepts in African Philosophy of Culture. Albany: SUNY Press.

Ogundipe-Leslie, Molara (1994). Re-Creating Ourselves: African Women and Critical Transformations. Trenton: Africa World Press.

Oyěwùmí, Oyèrónkẹ́ (1997). The Invention of Women: Making an African Sense of Western Gender Discourses. Minneapolis: University of Minnesota Press.

Saidi, Christine (2010). Women’s Authority and Society in Early East-Central Africa. Rochester: University of Rochester Press.

Tamale, Sylvia (2014). «Exploring the Contours of African Sexualities: Religion, Law and Power». African Human Rights Law Journal, 14(1), 150-177.

Tamale, Sylvia (2020). Decolonization and Afro-Feminism. Ottawa: Daraja Press.

Van Allen, Judith (1972). «‘Sitting on a Man’: Colonialism and the Lost Political Institutions of Igbo Women». Canadian Journal of African Studies, 6(2), 165-181. https://doi.org/10.2307/484197

format_quote

Cómo citar este artículo

G. de la Fuente, Juan (2026). “Descolonizando los sistemas de género africanos: autoridad, parentesco y epistemologías de los feminismos africanos”. ONGD CohesionART.

https://www.cohesionart.org/descolonizando-los-sistemas-de-genero-africanos-autoridad-parentesco-y-epistemologias-de-los-feminismos-africanos/

© G. de la Fuente, Juan / ONGD CohesionART · Licencia CC BY-NC-SA 4.0

Puedes compartir, traducir y citar este artículo con fines personales, académicos o de divulgación, reconociendo al autor y a ONGD CohesionART como fuente.

Para uso en formaciones remuneradas, programas subvencionados, materiales corporativos o cualquier contexto que genere beneficio económico directo o indirecto, escríbenos a info@cohesionart.org — casi siempre decimos que sí.

"Este artículo forma parte de la serie sobre Ubuntu. Si no has leído el primero, aquí tienes el punto de partida."

handshake

¿Quieres llevar este conocimiento a tu organización?

Diseñamos programas formativos adaptados a empresas, centros educativos e instituciones públicas.

Hablamos de tu proyecto arrow_forward